jueves, 15 de diciembre de 2016

La moda como imposición alienante

Las personas de la imagen son modelos de tallas grandes, mediante su trabajo se dedican a intentar concienciar a las mujeres para que se sientan felices con su cuerpo tal como es, y a hacernos a todos reflexionar sobre cualquier imposición de un solo modelo de belleza. Para mí son la ilustración de mi ideal de belleza femenino, por gusto personal, y lo más importante: porque su cuerpo es saludable visto desde la lógica y el sentido común. Que quede claro que no quiero ser precisamente otro impositivo de gustos, ya suficientes hay por ahí.

La vida humana es en gran parte estética, belleza, lo primero que se nos presenta a la vista es la forma de todo lo existente, como diría Epicuro: ¡serénese y contemple toda esta voluptuosidad, querido Platón, deje el mundo de las ideas y ya profundizaremos después! La alegría ante lo bello es algo que no debe perderse, siempre que no nos quedemos estancados en ese punto sin llegar a explorar la esencia más allá de las formas.

En este asunto, detrás de palabras como moda, "salud", "ideal de belleza", "creatividad", pueden esconderse la ostentación, la mentalidad de rebaño, la sumisión a la apariencia, la negación de uno mismo, la imposición y la alienación. Dejarse arrastrar no es raro viviendo en sociedad, y muchas veces nos dejamos llevar por la corriente aún de forma inconsciente, y sobre todo esto no se habla mucho precisamente, hay mucha condescendencia y dejar estar.

Lo peor de la moda es su relación con el consumismo, buscar novedades incansablemente cuando nos hartamos (con una increíble rapidez) de lo que llevamos puesto, lo que me lleva a recordar al "mejor tirar que remendar" que decían en la sociedad de "un mundo feliz" de Huxley. Parece como si cada cambio de armario que nos sugieren hacer tuviera la intención de tenernos entretenidos con estupideces y niñerías para no pensar en temas más trascendentes y urgentes. Y esto se hace consciente e inconscientemente de muchas otras maneras, como ya sabemos. Incluso algunos diseñadores llegan a la hilaridad y a la extravagancia con vestuario tal que nadie se pondría a no ser para salir en carnaval.

Aunque nos centraremos más bien en la moda en su ámbito textil y corporal sobre todo, ocurre lo mismo en música o en cualquier tipo de actividad, y es que se termina decidiendo un modelo o creación como mejor y más digno de consideración, admiración y culto. Es verdad que como sociedad no es totalmente malo que lleguemos al consenso en variados temas, dado el beneficio que nos puede traer en muchas ocasiones, pero la cuestión concreta a la que nos referimos esta vez es un caso en el que ese consenso nos lleva al automatismo, a dejarnos arrastrar por la presión pública social en exceso, y a crear monopolios del gusto y las ideas. Pensad en qué terrible y aburrido sería el mundo si todos vistiéramos igual y pensáramos lo mismo; nuestro objetivo más loable en este tema sería poder darle otro significado más luminoso y reflexivo a la moda y a sus "modales". La moda se convertiría en una actividad que fomentaría mucho más la creatividad, sin caer en el absurdo al que a veces nos ata, además de defender la salud de las modelos al proponer una talla mínima racional, pues la que ahora se impone es fatal e insalubre. En resumen, hacer de la moda una actividad más benévola y amplia en valores.

Lo que digo sobre las tallas lo creo razonable, aunque comprendo que no todo el mundo puede permitirse estar más sano a pesar de hacer dieta o ejercicio. En unos casos se quiere adelgazar porque se tiene un peso excesivo (casos más graves como obesidad mórbida, donde hay más peligro de sufrir enfermedades cardíacas) mientras que en otros hay gente que piensa que necesitaría algún kilo de más (es mi caso) pero su metabolismo no les permite ese cambio.  Preocuparse por el peso corporal cuando es por nuestra salud no tiene nada de raro, es lo lógico. Pero la persona que elige dedicarse a ser modelo se enfrenta a la presión por cambiar su cuerpo para adaptarse a la talla estándar que se le pida, a costa de su salud, sufriendo privaciones alimenticias, y en los peores casos hasta el punto de que sus seres queridos vean cómo se va arrastrando hacia un pozo sin fondo que puede llevarle hasta el ataúd. Un precio muy caro a pagar que lleva incluido perder la propia dignidad humana.

Añádase al "ideal de belleza" y a la presión social el machismo, y ya tendremos un cóctel de putrefacción completo como veremos. El caso es que el ideal de belleza masculino se podría decir que siempre ha sido el mismo; es verdad que el hombre tenía que ser fuerte y musculoso, según la sociedad para trabajar y defender a su familia, y las mujeres atender a los hijos sobre todo, y éstas además se fijan menos en el físico, pero no nos compete ahora debatir sobre ello. Lo que nos interesa es que el cuerpo del hombre como objeto de deseo se muestra siempre como sano y fuerte, ni raquítico ni gordo en exceso. No puedo argumentar otros factores por los que al hombre se le impuso un modelo de cuerpo único y sin embargo el cuerpo ideal femenino ha cambiado a lo largo de las épocas, pero es evidente que para la sociedad machista la mujer era un objeto más, así aparece en el cambio de gusto del hombre el que la mujer se adapte y crear así otra forma de dominación, un mundo en el que el hombre ejerce un papel activo y la mujer pasivo, ellas sólo deben buscar un hombre que las proteja y "guíe" y ellos pueden ser caprichosos y elegir no sólo su ideal de mujer, sino también su vida en general más independiente dando rienda suelta a su voluntad. Lo más gracioso y contradictorio es que tanto en cuerpos como en géneros musicales o cualquier otro asunto, al final por mucho que se imponga una mayoría, cada uno tiene sus diferencias frente a todo ello. Porque, ¿quién tiene derecho a decirnos lo que es la belleza para nosotros?

Si al final elegiremos según nuestras preferencias personales e intransferibles, ¿para qué la norma, si sabemos que no somos iguales decidiendo lo que queremos y nos apetece? ¿Acaso a veces la moda es un instrumento para imponer, sojuzgar y someter, otra forma más de alienación y dominación social? Parece la suposición lógica detrás de tanto teatro.

A algunos les llena su tiempo de ocio preocuparse por asuntos como "qué me pongo hoy" o "esto ya no se lleva, necesito comprar ropa nueva", y éso con un armario en el que ya apenas cabe nada más, Aquí no prima el disfrute benévolo de la belleza estética y la comodidad, sino el consumismo y el "ya me cansé de esto". Evidentemente nadie tiene que vestirse como hace dos siglos, pero otra cosa es cambiar ya a la semana de vestuario y quedarse en la ostentación y el pavoneo social, convirtiéndose en una oveja sin voluntad más del rebaño y que no destaca más que por su lana mucho más vistosa y arreglada.

El reino de la opinión es sólo eso, el diálogo entra ahí para confrontar ideas y sacar conclusiones y argumentos para razonar entre todos y alcanzar una realidad más rica y apasionante. Por ello dejemos a cada uno que tenga su visión de valorar la belleza, y si no afecta a la vida privada de los demás no metamos el hocico en cocido ajeno. Dejemos a los maestros del adoctrinamiento y el atontamiento social caer en la marginación, que se vayan con sus gustos y normas prefabricadas con fines maléficos a otra parte, y que busquen a los que estén dispuestos a ser ovejas, aunque acaben cayéndose todos por el acantilado de lo superficial. Y vosotros, elegid en libertad, pues por mucho condicionamiento que haya siempre nos quedará un hueco para ser nosotros mismos.








domingo, 11 de diciembre de 2016

La asignatura de religión en secundaria

En otro momento y de modo más extenso me ocuparé de la religión y el ateísmo, de lo que pienso sobre ellos personalmente, y analizaré sus aspectos más profundos o relevantes para los seres humanos, pero hoy toca tratar un tema que me vino a la cabeza en la última ocasión leyendo un artículo de un periódico, y que despertó en mí la perplejidad por lo notorio del debate que sigue abierto en nuestra sociedad, enconado y confuso tanto para creyentes como para no creyentes.

A veces me da por convencerme a mí mismo de que el debate sobre si dar religión en las aulas o no no es tal ni existe, por el hecho de que religión católica al fin y al cabo es una materia optativa, y lo que una persona elige libremente no debe ser asunto en el que nadie deba inmiscuirse. Éso, como mínimo, es un primer punto sobre el que muchos parecen no pararse a pensar, y por desgracia al igual que en tiempos de la Inquisición se desató un fanatismo violento hacia todo "hereje" o ateo, ahora algunos ateos llegan a los mismos extremos de odio al creyente y la voluntad de apartarlo de su camino y de la sociedad, con lo cual ya tenemos una base para ver que tanto de un lado como del otro tenemos a gente empática y respetuosa como gente fanática e intolerante hasta el extremo.

Siguiendo con lo anterior, y partiendo de que esa asignatura a nadie hace daño, creo que hay una solución mejor, a mi juicio, para zanjar el debate y que todos estén conformes, solución que toda persona razonable y de buena voluntad sea creyente o no debería ser capaz de asumir como un camino recto hacia la cultura del consenso y del enriquecimiento mutuo. Pues no puede ser que en países occidentales y a estas alturas de siglo tengamos que discutir por no querer permitir a otras personas vivir según sus creencias, si son éstas razonables y no hacen daño a nadie.

Como decía, pensé, y cualquiera parándose unos pocos minutos como mucho puede llegar a la misma conclusión, que la solución pasa por tener como asignatura obligatoria historia y cultura de las religiones, materia que al menos en mis tiempos de instituto no era elegida por muchos alumnos, y que en estos días no sé qué habrá sido de ella. Es cierto que algunos temas de la asignatura de religión católica estaban dedicados a otras religiones, cosa que sé porque escogí esta materia durante algunos años, y eso es algo que está bien, pero no es suficiente y además en ningún libro de religión católica vi jamás una mención siquiera sobre el ateísmo, como si fuera un tabú. Es un defecto importante a tener en cuenta, un ejemplo que para mí denota demasiada indiferencia o reserva ante otros pensamientos o ideologías que no son las propias. Y volviendo a mi propuesta, nada mejor que formar a nuestros jóvenes, ciudadanos del futuro, en el conocimiento de las diferentes religiones del planeta, sin olvidar el ateísmo. Porque no sólo las ciencias u otras materias como la historia son relevantes, quizá la religión a algunos les parezca poco práctica o relevante, pero es un error no incluirla en el currículum educativo, pues si bien es cierto que se pueden aprender muchas cosas fuera del ámbito académico, y más en esta era de la hiperinformación en que vivimos, nunca está de más darle ese plus a los alumnos para que aprendan que la religión es algo inseparable del ser humano desde que este hizo aparición, que es algo importante para muchos millones de personas y no puede ser tomado a la ligera.

Pasé por la creencia dentro del catolicismo, y de allí al ateísmo, y al haber contemplado los dos lados puedo ahora imparcialmente ver tanto lo positivo y lo negativo que hay en todo ello. Lo que está claro es que si quieres ser un fanático, destrozarás la ideología que abraces y la desvirtuarás de toda nobleza, ése es el peor camino que se puede elegir, querer convertir a todos a tu ideología o creencia obligándolos, asesinando incluso al que se resiste a ti. Si quieres una sociedad y unos individuos sanos, si eres alguien de verdad noble y con una visión más plural del mundo en el que vives, entenderás que las diferencias no son una barrera, cuando compartimos algo más importante: todos somos humanos y tenemos un proyecto en común que construir, y sin diálogo y comprensión real toda acción es fútil y no lleva a ningún lugar, sólo contribuye a un infierno en la Tierra, así que nos conviene elegir bien qué camino tomar. No existen la santidad ni la perfección, pero intentemos al menos estar a la altura de aquellos que supieron ver más allá y tendieron la mano tantas veces en vez de golpear con ella.

¡Atrévete a saber! (manifiesto)

Hace algo más de dos mil años Platón ya nos invitaba a "salir de la caverna", ése lugar lleno de nuestros comportamientos, pensamientos, ideas o razones erróneas creados por la sociedad y las costumbres tradicionales. Aquéllos filósofos griegos ya intentaban resolver el problema de cómo vivir en armonía, de crear estados capaces de satisfacer las necesidades de su ciudadanía, algo que sigue ocupando la agenda diaria de nuestra época actual, y que lo seguirá siendo hasta el fin de la humanidad.

La primera especie de ser humano con un cerebro ya con suficiente capacidad de abstracción y reflexión comenzó a preguntarse por todo lo que le rodeaba, un mundo amable a la vez que peligroso dónde tenía que sobrevivir, y buscando explicaciones a lo que le sobrepasaba y no podía entender creó el caldo de cultivo ideal para el surgimiento de los mitos, los cuáles a pesar de no ser rigurosos y veraces reducían nuestra angustia existencial al poder darle un sentido a todo.

La filosofía nació cuando algunos pensadores comenzaron a cuestionarse los mitos ancestrales en los que se anquilosaba la sociedad de su tiempo, con ellos llegó la racionalidad y la búsqueda intensiva y sincera de explicaciones a los fenómenos naturales y a todo lo que escapaba al control y al entendimiento humanos, lo que dió lugar a un mayor interés por resolver enigmas de forma reflexiva y desmitificada.

Al poseer una consciencia total sobre nosotros y sobre todo lo que nos rodea, no podemos dejar de sentir curiosidad, nuestra hambre de respuestas en insaciable, algo que nos puede ayudar a crear lazos más fuertes entre nosotros, incluso a conseguir un desarrollo sostenible que haga posible una mejor calidad de vida y la conservación de los ecosistemas terrestres; aunque no escapemos a la muerte del Sol, o al impacto de un asteroide, eso no debe ser excusa para no avanzar con la gran tarea de realización humana que tenemos por delante, como diría el francés André Comte-Sponville, debemos ser fieles a lo mejor que hicimos a lo largo de la historia.

Sólo soy un aficionado, no llegué a estudiar filosofía, pero a los diecinueve años empecé a meter el hocico en esto leyendo una enciclopedia y varios libros que compré. Fui descubriendo un mundo que me atrapó desde el primer momento, y que espero impedirá que mis neuronas se atrofien. Aunque llegué a esta isla algo tarde, nunca lo es para filosofar, y no hace falta ser catedrático o saber cientos de conceptos, simplemente es ponerse a pensar y darle al melón. Todos tenemos algo que decir, expresar, cuestionar, nada está acabado, hay un mundo por construir, y lo haremos con las armas de la filosofía, para combatir la ignorancia, el fanatismo y el oscurantismo.

Pero... ¡Cuidado con la razón! Ha dado muchos quebraderos de cabeza y desgraciadamente también ha hecho correr ríos de sangre, porque la razón es algo que debe ser consensuado, reflexivo, tarea de todos, no algo que se impone por la fuerza y que se venera como "la verdad absoluta".

A pesar de cualquier dificultad en el camino hacia la búsqueda de la felicidad y la sabiduría, os animo a nunca dar marcha atrás en esta apasionante aventura, aunque la decisión es vuestra, así que ¿os atrevéis? Hay mucho que ganar y que avanzar. ¡Vamos! ¡Atrévete a pensar!