La primera especie de ser humano con un cerebro ya con suficiente capacidad de abstracción y reflexión comenzó a preguntarse por todo lo que le rodeaba, un mundo amable a la vez que peligroso dónde tenía que sobrevivir, y buscando explicaciones a lo que le sobrepasaba y no podía entender creó el caldo de cultivo ideal para el surgimiento de los mitos, los cuáles a pesar de no ser rigurosos y veraces reducían nuestra angustia existencial al poder darle un sentido a todo.
La filosofía nació cuando algunos pensadores comenzaron a cuestionarse los mitos ancestrales en los que se anquilosaba la sociedad de su tiempo, con ellos llegó la racionalidad y la búsqueda intensiva y sincera de explicaciones a los fenómenos naturales y a todo lo que escapaba al control y al entendimiento humanos, lo que dió lugar a un mayor interés por resolver enigmas de forma reflexiva y desmitificada.
Al poseer una consciencia total sobre nosotros y sobre todo lo que nos rodea, no podemos dejar de sentir curiosidad, nuestra hambre de respuestas en insaciable, algo que nos puede ayudar a crear lazos más fuertes entre nosotros, incluso a conseguir un desarrollo sostenible que haga posible una mejor calidad de vida y la conservación de los ecosistemas terrestres; aunque no escapemos a la muerte del Sol, o al impacto de un asteroide, eso no debe ser excusa para no avanzar con la gran tarea de realización humana que tenemos por delante, como diría el francés André Comte-Sponville, debemos ser fieles a lo mejor que hicimos a lo largo de la historia.
Sólo soy un aficionado, no llegué a estudiar filosofía, pero a los diecinueve años empecé a meter el hocico en esto leyendo una enciclopedia y varios libros que compré. Fui descubriendo un mundo que me atrapó desde el primer momento, y que espero impedirá que mis neuronas se atrofien. Aunque llegué a esta isla algo tarde, nunca lo es para filosofar, y no hace falta ser catedrático o saber cientos de conceptos, simplemente es ponerse a pensar y darle al melón. Todos tenemos algo que decir, expresar, cuestionar, nada está acabado, hay un mundo por construir, y lo haremos con las armas de la filosofía, para combatir la ignorancia, el fanatismo y el oscurantismo.
Pero... ¡Cuidado con la razón! Ha dado muchos quebraderos de cabeza y desgraciadamente también ha hecho correr ríos de sangre, porque la razón es algo que debe ser consensuado, reflexivo, tarea de todos, no algo que se impone por la fuerza y que se venera como "la verdad absoluta".
A pesar de cualquier dificultad en el camino hacia la búsqueda de la felicidad y la sabiduría, os animo a nunca dar marcha atrás en esta apasionante aventura, aunque la decisión es vuestra, así que ¿os atrevéis? Hay mucho que ganar y que avanzar. ¡Vamos! ¡Atrévete a pensar!
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