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domingo, 11 de diciembre de 2016

La asignatura de religión en secundaria

En otro momento y de modo más extenso me ocuparé de la religión y el ateísmo, de lo que pienso sobre ellos personalmente, y analizaré sus aspectos más profundos o relevantes para los seres humanos, pero hoy toca tratar un tema que me vino a la cabeza en la última ocasión leyendo un artículo de un periódico, y que despertó en mí la perplejidad por lo notorio del debate que sigue abierto en nuestra sociedad, enconado y confuso tanto para creyentes como para no creyentes.

A veces me da por convencerme a mí mismo de que el debate sobre si dar religión en las aulas o no no es tal ni existe, por el hecho de que religión católica al fin y al cabo es una materia optativa, y lo que una persona elige libremente no debe ser asunto en el que nadie deba inmiscuirse. Éso, como mínimo, es un primer punto sobre el que muchos parecen no pararse a pensar, y por desgracia al igual que en tiempos de la Inquisición se desató un fanatismo violento hacia todo "hereje" o ateo, ahora algunos ateos llegan a los mismos extremos de odio al creyente y la voluntad de apartarlo de su camino y de la sociedad, con lo cual ya tenemos una base para ver que tanto de un lado como del otro tenemos a gente empática y respetuosa como gente fanática e intolerante hasta el extremo.

Siguiendo con lo anterior, y partiendo de que esa asignatura a nadie hace daño, creo que hay una solución mejor, a mi juicio, para zanjar el debate y que todos estén conformes, solución que toda persona razonable y de buena voluntad sea creyente o no debería ser capaz de asumir como un camino recto hacia la cultura del consenso y del enriquecimiento mutuo. Pues no puede ser que en países occidentales y a estas alturas de siglo tengamos que discutir por no querer permitir a otras personas vivir según sus creencias, si son éstas razonables y no hacen daño a nadie.

Como decía, pensé, y cualquiera parándose unos pocos minutos como mucho puede llegar a la misma conclusión, que la solución pasa por tener como asignatura obligatoria historia y cultura de las religiones, materia que al menos en mis tiempos de instituto no era elegida por muchos alumnos, y que en estos días no sé qué habrá sido de ella. Es cierto que algunos temas de la asignatura de religión católica estaban dedicados a otras religiones, cosa que sé porque escogí esta materia durante algunos años, y eso es algo que está bien, pero no es suficiente y además en ningún libro de religión católica vi jamás una mención siquiera sobre el ateísmo, como si fuera un tabú. Es un defecto importante a tener en cuenta, un ejemplo que para mí denota demasiada indiferencia o reserva ante otros pensamientos o ideologías que no son las propias. Y volviendo a mi propuesta, nada mejor que formar a nuestros jóvenes, ciudadanos del futuro, en el conocimiento de las diferentes religiones del planeta, sin olvidar el ateísmo. Porque no sólo las ciencias u otras materias como la historia son relevantes, quizá la religión a algunos les parezca poco práctica o relevante, pero es un error no incluirla en el currículum educativo, pues si bien es cierto que se pueden aprender muchas cosas fuera del ámbito académico, y más en esta era de la hiperinformación en que vivimos, nunca está de más darle ese plus a los alumnos para que aprendan que la religión es algo inseparable del ser humano desde que este hizo aparición, que es algo importante para muchos millones de personas y no puede ser tomado a la ligera.

Pasé por la creencia dentro del catolicismo, y de allí al ateísmo, y al haber contemplado los dos lados puedo ahora imparcialmente ver tanto lo positivo y lo negativo que hay en todo ello. Lo que está claro es que si quieres ser un fanático, destrozarás la ideología que abraces y la desvirtuarás de toda nobleza, ése es el peor camino que se puede elegir, querer convertir a todos a tu ideología o creencia obligándolos, asesinando incluso al que se resiste a ti. Si quieres una sociedad y unos individuos sanos, si eres alguien de verdad noble y con una visión más plural del mundo en el que vives, entenderás que las diferencias no son una barrera, cuando compartimos algo más importante: todos somos humanos y tenemos un proyecto en común que construir, y sin diálogo y comprensión real toda acción es fútil y no lleva a ningún lugar, sólo contribuye a un infierno en la Tierra, así que nos conviene elegir bien qué camino tomar. No existen la santidad ni la perfección, pero intentemos al menos estar a la altura de aquellos que supieron ver más allá y tendieron la mano tantas veces en vez de golpear con ella.